Leyendas
LA PREDICCIÓN POPULAR DEL TIEMPO. LAS CANÍCULAS
La inquietud del hombre por establecer posibles calendarios meteorológicos, le ha llevado a concebir distintos procedimientos para interpretar, con antelación, las evoluciones climáticas.

Determinados periodos u onomásticas del santoral, han sido augurados como verosímiles antecedentes de la conducta del tiempo venidero. Por ejemplo, el día de la Transfiguración del Señor (6/Junio), la Conversión de San Pablo (25/Enero), o Santiago y Santa Ana (25 y 26/Julio), son fechas atentamente escudriñadas para percibir, a lo largo de la jornada que tiempo hará el año que viene.

En ocasiones, el vaticinio se lleva a cabo en el primer mes del año, pero ciñéndose a sus primeros 4 días para descifrar, a través de ellos, las previsibles variaciones meteorológicas por estaciones o periodos más o menos extensos, cuya frontera cronológica se establece en citas festivas importantes en el medio rural, como por ejemplo: de San Miguel a Navidad, o de ésta a mediados de Abril.

Pero la predicción a largo plazo tiene compendio en las Canículas, basadas en la observación minuciosa de los vientos, las nubes y los astros al amanecer y atardecer, en los meses de Agosto, Enero y Diciembre, según las costumbres y los criterios del especialista del lugar que realice la predicción.

Las gentes del campo (labradores ganaderos) vuelven su vista al cielo esperando de él no sólo, respuestas a sus divinas imprecaciones sino el vaticinio de cuanto habita y acontece bajo su bóveda. La información buscada en astros y meteoros se ha transcrito a partir de múltiples observaciones: la forma de las nubes, la dirección de los vientos, la configuración, tonalidad, luminosidad o diafanidad del sol, la luna y las estrellas.

Desde el rocio a la niebla, pasando por el arco iris o el granizo, es decir, todos los meteoros se han considerado, atendiendo incluso a la hora del día o la estación del año en que acontecen. De ahí, las expresiones populares, tales como "El arco del Señor", "La llená de los Santos", 'Las lágrimas de San Lorenzo" y muchas otras.

Los antecedentes de esta tradicción son difíciles de establecer aunque, podrían tener su origen en la 'Fiesta de las Suertes" o la 'Fiesta de los Tabernáculos".

Las canículas son un cálculo popular basado en las variaciones atmosféricas de los primeros días de Enero y Agosto, donde se pronostíca el tiempo del año siguiente.

En España existen diversas escuelas caniculísticas, prevaleciendo aquellas que desarrollan su actividad en los primeros trece días de Agosto o Enero. El día 1, en algunas zonas, se acepta como resumen anual o juicio general, a detallar en las siguientes jornadas. Así el día 2 corrrespondería a Enero, el 3 a Febrero, y así sucesi vamente.

Por otra parte hay, lugares, en los que esta progresión tiene su complemento o respuesta en las llamadas contracanículas o retornos, invirtiendo el orden de los meses y continuando el estudio el día 14; fecha que equivaldría de nuevo a Diciembre, el 15 a Noviembre y así hasta llegar al 25 que nos diría de nuevo, lo que ocurrirá en Enero.

Existen otras formas de pronóstico según que los barruntos sean a corto o medio plazo. Como ejemplo del primero, tenemos el vaticinio pluvioso que trae consigo presenciar el vuelo desacostumbradamente bajo de golondrinas u otear los vencejos ."reunidos en concejo", o que en los braseros de picón se apelmace la ceniza en la badila cuando lo movemos. También es significativo el afán tejedor de las araqas en el interior de las casas, el percibir con más intensidad el olor de las jaras o avistar que la luna tiene forma recogida o de cazuela.

A medio plazo, nos guiaremos de la memoria y conservaremos en ella las referencias de lo acontecido, que nos ayudará a cotejar el refranero popular: "Cuando Marzo mayea, Mayo marcea", En Abril aguas mil", "Santos al sol, Pascuas al rincón", "Buen tiempo en Septiembre, mejor en Diciembre", o 'La luna de Octubre, siete lunas cubre y si llueve, nueve".

Vaticinar a largo plazo es empresa especializada que sólo algunas personas han sabido conjeturar, más por herencia y perseverancia que por gracia o virtud.

Me refiero genéricamente, a las canículas, también llamadas cabañuelas, cabichuelas, surtimientos, calandras o signos.

Pero existen otros pronósticos en los que, ayudados por singulares elementos, podemos confeccionar los doce días; como son el calendario cebollero o las cabañuelas de la sal, sin olvidarnos de la interpretación de las lunas (lunarios), de los truenos (brontologías), o la dirección y volumen del estallido de los doce granos de trigo arrojados al fuego el 31 de Diciembre tras pronunciar el mes que deseamos aventurar.